Barbeiros y Ordes visitarán al Señor Santiago
El próximo sábado 13 de marzo varios arciprestazgos de esta Archidiócesis, entre ellos Ordes y Barbeiros, peregrinarán a la Catedral de Santiago de Compostela. Con ello buscan la experiencia de sentirse hijos de Dios e hijos de la Iglesia, comunidad diocesana pastoreada por el obispo y en comunión con el Santo Padre, quien peregrinará también este año jubilar el próximo 6 de noviembre; honrar al Señor Santiago y a nuestro Señor Jesucristo, y acogerse a su misericordia y aprovechar a las gracias especiales jubilares que la Santa Madre Iglesia brinda a sus hijos. Éstas se conceden a quien visite el templo catedralicio movido por la fe, rece ante la tumba del Apóstol, pida por las intenciones del Papa y se acoja al perdón de Dios en el sacramento de la confesión.
El sacramento de la confesión supone varias cosas:
-Supone la necesidad de arrepentirse. Le dice Jesús a Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Si Pedro no estuviera arrepentido de haberlo negado, ¿cómo podría amarlo?
-Supone creer en la potestad de la Iglesia, recibida por los Apóstoles de Cristo, para perdonar los pecados y devolver la paz al corazón contrito. “Lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo.” “No te digo, Pedro, (que perdones) hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.”
Frente al “¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?” con que algunos expresaban su duda cuando Jesús perdonaba pecados, Pedro aceptó que Jesús podía perdonar y lo experimentó en sí mismo. Comprendió que Jesús le preguntaba si lo quería no para reprocharle el pasado, sino para hacer las paces, para restaurar la armonía que había quedado dañada entre ellos cuando Pedro le negó. Pedro comprendió que Jesús ya lo había perdonado, y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”. El hijo pródigo comprendió que su padre era bueno y por eso tuvo valor para volver a casa. Y la adúltera encontró una segunda oportunidad cuando Jesús la salvó de la lapidación y la dejó marchar sin condenarla e invitándola a no volver a pecar.
De alguna manera, en el año jubilar Dios nos está invitando a volver a él.
-El sacramento de la confesión supone también la necesidad de reconocer ante un semejante los propios pecados. Esto es más curativo que hacerlo sólo en secreto ante el Señor. Independientemente del bien psicológico que produzca, a la confesión hay que ir a encontrarse con el Señor con la confianza de que que es el mismo Jesucristo quien escucha tu confesión y te perdona al ver tu arrepentimiento.
En la confesión, la personalidad del confesor no queda anulada. El confesor no puede mirar al penitente por encima del hombro porque es tan pecador como él. Además, a diferencia de los que no quieren arrepentirse, penitente y confesor comparten la batalla contra el mal: el confesor también tiene que pasar por el trago de lamentarse por sus propios pecados y reconocerlos ante otro que seguramente es tan pecador como él. Así, el confesor comparte de algún modo las cargas de la cruz de Cristo, que cargó sobre sí los pecados de todos. Aunque también, como contrapartida, el sacerdote puede disfrutar como testigo privilegiado de las victorias del bien y alegrarse como los ángeles de Dios que hacen fiesta por cada pecador que se arrepiente.
Es necesario reconocer los pecados por más que Dios ya los conozca. Igual que es necesario pedir al Señor con insistencia por mucho que ya sepa lo que necesitamos. Le decía el Señor Dios a Caín, esperando su confesión: “¿Dónde está tu hermano Abel?” Si no fuera importante que Caín le respondiera con la verdad, Dios no se lo hubiese preguntado.
Por medio de la confesión, el Señor no sólo limpia los pecados del hombre sino que lo fortalece para que avance por el camino de la santidad. Con su gracia lo ayuda a repeler más eficazmente las tentaciones, para que sea no sólo un hombre de bien sino un hombre de Dios, un ciudadano del cielo que lleve en la tierra una vida tan virtuosa y productiva en la práctica de la caridad que incluso la gente de bien que, careciendo de fe, trata de vivir por el camino de la justicia reconozca que en esa vida hay algo extraordinario. Así lo sugirió el Señor cuando dijo, por ejemplo: “Amad a vuestros enemigos. (…) Porque si amáis sólo a vuestro hermano, ¿qué hacéis de extraordinario?”
Que el año Jubilar compostelano sea para nosotros un acicate para aspirar a la misma perfección de Dios.
Ayer martes día 9, por la mañana, los sacerdotes de Ordes y Barbeiros celebraron su retiro mensual. Aprovecharon el encuentro para ultimar la organización de la peregrinación del próximo sábado. Las fotos que se adjuntan pertenecen al retiro anterior, celebrado el martes día 9 de febrero.