¡Gracias, Vicente!

publicado en La Voz
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«No solo pensamos en ganar, sino también en unos valores para España», decía Vicente del Bosque poco después de ganar el Mundial, una perla que ya fue destacada ayer por este periódico. Y es que, en medio de la crisis económica y social por la que estamos atravesando, este viejo castellano ha devuelto a la actualidad palabras tales como discreción, rectitud, responsabilidad, amor por el trabajo bien hecho, trabajo en equipo, constancia, esfuerzo y compromiso. Virtudes que garantizan el éxito, ayer, hoy y mañana. Solo ellas. No se conquistan las grandes cumbres a golpe de talonario, como quieren hacernos creer los falsos superhéroes que circulan por ahí.
Pero, junto al beso de Casillas a su novia, lo que de verdad me ha emocionado fue ver ayer a Álvaro del Bosque, una de las 30.000 personas con síndrome de Down que viven en nuestro país, levantar la Copa del Mundo rodeado del cariño y el respeto de todos los jugadores de la selección española, ante la atenta mirada de su padre. Se trata de otro gesto más de Vicente del Bosque, cargado de un enorme valor simbólico, que ha querido unir éxito y vulnerabilidad, equipo y familia, realzando en su hijo el valor intrínseco y la dignidad de todas las personas con discapacidad intelectual. Resulta indiscutible el impacto de gestos como este en la imagen que la sociedad se hace de este colectivo y, por tanto, su influjo a la hora de favorecer la aplicación práctica y operativa de los principios de integración, normalización e inclusión. Porque también las personas con síndrome de Down han disfrutado del éxito de nuestros compatriotas, como cualquiera de nosotros.

Dietrich von Hildebrand

Asomarnos a lo IMPOSIBLE

Acabamos de vivir la semana grande de los cristianos. En ella hemos podido ver grandes expresiones de religiosidad popular; fe, arte y belleza que conectan con el ser de nuestra gente y la cultura de nuestros pueblos. ¿Cómo podríamos entender el ser y la cultura de este país si no valoramos, en su justa medida, estas expresiones populares? Sin embargo, surge de inmediato una cuestión fundamental: ¿Estas manifestaciones son signo externo de la vivencia interior de la fe en los misterios representados? Ahí es donde se sitúa el tema de la aceptación o no de la persona de Jesús como respuesta radical a las preguntas de toda persona ante el sentido de la vida y de la muerte.
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Los creyentes en Cristo, aquí hoy, como desde hace dos mil años, estamos celebrando que creemos haber encontrado una respuesta a esas preguntas que en algún momento nos atenazan; una respuesta que se nos ha dado gratuitamente y que no nace de nuestros deseos. No explicamos nuestra existencia desde el mito de Sísifo, sino desde la verdad del logos-Cristo. Una respuesta que no pretende darnos un fácil consuelo, sino implicarnos en una difícil tarea. Una propuesta a la altura de la dignidad del ser humano. Tal oferta está en Jesús muerto y resucitado, en el Jesús real que vivió en este mundo haciendo el bien, al que mataron por decir la verdad, y que mantuvo hasta la muerte su adhesión a un Dios padre bueno que nos da la felicidad verdadera.
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Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo encuentran dificultades para creer esto, y realmente creer en la Resurrección es difícil, ya que no hay ninguna evidencia física de ello. Parece imposible, pero podemos asomarnos dentro. Porque el camino de la fe, la posibilidad de llegar a creer en la Resurrección, procede de un ámbito más profundo. Para creer en la Resurrección hay que amar y haber experimentado que cuando uno ama de veras, cuando ama gratuitamente sin esperar nada a cambio, dándose por entero, muriendo al propio egoísmo, entonces la vida surge a nuestro alrededor como un gran manantial. La gran paradoja de la vida es que no se consigue reteniéndola, sino dándola a manos llenas, haciendo que otros vivan gracias a nuestra entrega generosa. Y ahí, cuando uno lo ha dado todo, cuando no queda más que un grito que se eleva al cielo es cuando, sobre el desierto de nuestro corazón, cae como lluvia generosa la esperanza y la fe en la resurrección.
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Segundo L. Pérez López en El Correo

I Semana de Espiritualidade "Santa Teresa de Jesús"

Co título de “El camino cristiano” a parroquia de Santa Teresa de Jesús da Coruña, rexida polos Padres Carmelitas, celebra a súa Primeira Semana de Espiritualidade.

Aínda que son moitas as súas claves temáticas, destaca claramente a presentación espiritual de catro mulleres peregrinas: Santa Teresa de Jesús, Santa Teresa del Niño Jesús, Egeria e Juliana de Norwich.

O programa das conferencias que serán ás 20 horas é o seguinte:

  • Luns, 8 de marzo - “El caminito” en Santa Teresita (aventura cristiana y respuesta de amor), por José Antonio Fuertes, ocd.
  • Martes, 9 de marzo - Santa Teresa de Jesús, “la peregrina de Cristo en el castillo interior” (monja andariega y aventurera en la vida interior), por Ángel Gutiérrez, ocd.
  • Mércores, 10 de marzo - Egeria, peregrina gallega, y Juliana, “la reclusa”, la mayor mística inglesa (símbolos de caminos espirituales diferentes), por Luciniano Luis, ocd.
  • Xoves, 11 de marzo - Santa Teresa de Jesús. Su propio camino de vida y el itinerario espiritual de camino (dimensión antropológica del vivir y caminar cristianos), por Ciro García, ocd.
  • Venres, 12 de marzo - Dinámicas del Hombre Interior, por Pedro Tomás Navajas, ocd.

A conclusión das xornadas celebrarase coa Eucaristía dominical, o día 14, ás 12 horas.
Esperamos que esta iniciativa nos axude a prepararnos para o Ano Santo e para o V Centenario do Nacemento de Santa Teresa de Jesús.

Lugar: sala de conferencias dos Carmelitas Descalzos da Parroquia de Santa Teresa de Jesús, r/ Antonio Ríos, 24.

Para máis información: santateresadejesus@mundo-r.com

Información publicada gracias a un envío de Carlos Platas Seixas.

Se desexas que algunha noticia de accións pastorais da cidade da Coruña se publique nesta web, escribe a rafasanantonio@gmail.com

II DOMINGO de NAVIDAD

LECTURA del EVANGELIO según san JUAN 1, 1- 18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él y grita diciendo: “Este es de quien dije: el que viene detrás de mi pasa delante de mí, porque existía antes que yo”.
Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Orar en Domingo:
- “(…) y arrodillándose le rindieron homenaje”, por Hermann Rodríguez Osorio sj
- “La Palabra de amor y de vida”, por José María Maruri sj
- “Sin palabras”, por Javier Leoz
- “Acoger la palabra de Dios”, por JAP
- “Dios se ha abajado y ha compartido su ser con el hombre”, por Fray Marcos

Que te guarden en tus caminos

A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: «El Señor ha estado grande con ellos». Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro.
Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos.
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A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes Junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes.
Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados.
En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores. En efecto, ahora somos ya hijos de Dios, aunque ello no es aún visible, ya que, por ser todavía menores de edad, estamos bajo tutores y administradores, como si en nada nos distinguiéramos de los esclavos.
Por lo demás, aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente.
S. Bernardo

Habla un PADRE de FAMILIA

"COMERÁN y SOBRARÁ"

A propósito del pan multiplicado por el profeta Eliseo o por Jesús de Nazaret resulta más fácil oír una broma que saborear un pedazo. Y, sin embargo, la comunidad creyente sabe que el pan no se multiplica para bromear sino para comer, que Dios lo multiplica con generosidad, para que sobre: “Comerán y sobrará”.
Eliseo, el siervo del Señor, con veinte panes dio de comer a cien personas: “Comieron y sobró”.
Jesús, “el profeta que tenía que venir al mundo”, con cinco panes dio de comer a una multitud: “sólo los hombres eran unos cinco mil”. Comieron, se saciaron y sobró.
Tú sabes que la palabra proclamada hoy en medio de ti, sólo te ha presentado lejanas figuras del pan que tu Dios multiplica cada día para que vivas. Reunida en asamblea santa, escuchaste con fe la palabra de Dios, bendijiste a tu Señor, proclamaste la gloria de su reinado, convocaste a las criaturas para que todas entonasen un canto de acción de gracias al Señor, que a todos da la comida a su tiempo y sacia de favores a todo viviente.
Tú sabes que el pan verdadero es uno solo, y de ese único pan te dispones a comer, y sabes que abundará para todos los pueblos de la tierra: “¡Comerán y sobrará!”. Es el pan de la pascua nueva y eterna, el pan de la vida, el pan que ha bajado del cielo y que da la vida al mundo. El pan que aquí se multiplica y del que te dispones a comer es Cristo el Señor: su cuerpo entregado, su sangre derramada, su palabra y su Espíritu.
El pan multiplicado, figura de Cristo entregado en la encarnación y en la eucaristía, es también figura de la Iglesia entregada a todos los hombres en el ministerio de la palabra y de la caridad: un solo cuerpo, un solo espíritu, un solo pan, para que todos coman y vivan.
Si descubrimos y vivimos nuestra vocación cristiana, la de ser pan del que todos puedan comer, hoy como ayer todos “comerán y sobrará”.
Feliz domingo. Ven, Señor Jesús.
+ Fr. Santiago Agrelo,
Arzobispo de Tánger

NO hay otra fórmula: CONVERSIÓN

CAMINEO.INFO.
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. . El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, habló ayer de la próxima fiesta de Santiago Apóstol, Patrono de España. La conmemoración de esta festividad, señaló, “nos actualiza siempre cuáles y cómo fueron los orígenes de nuestra fe, cómo surgió, nació y se desarrolló el cristianismo en España, y cuáles fueron también los orígenes de la misma España: cómo en el solar ibérico se siembra, hace poco menos de dos mil años, una semilla cultural, humana y espiritual que crece y madura en esa realidad histórica que es y llamamos España”. .

. . “La Fiesta de Santiago Apóstol del 2009, a las puertas de un nuevo Año Santo en su Ciudad, Santiago de Compostela, supone todo un llamamiento para un sincero, humilde y valiente examen de conciencia personal y colectivo de la Iglesia en España y de toda España: ¡una invitación a retomar “el camino” de la conversión! No hay otra fórmula verdaderamente eficaz y duradera para superar la crisis”.
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+ CORESMA en COMPOSTELA +

“Jesús después de ayunar cuarenta días
y cuarenta noches, al fin sintió hambre”
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Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar.

El verdadero ayuno consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que ‘ve en lo secreto y te recompensará’. Jesús mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que ‘no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’. El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el ‘alimento verdadero’, que es hacer la voluntad del Padre.

Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de ‘no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal’, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

Parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una ‘terapia’ para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios.

Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios. Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos.
Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, las parroquias y demás comunidades intensificamos durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna.

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